Tu estrategia no está lista hasta que sepas qué cambia el lunes
La mayoría de las estrategias fracasan el lunes siguiente, cuando todo vuelve a ser igual. Este es el test que uso para saber si una estrategia va a moverse de la lámina a la acción.
El viernes se aprueba la estrategia. Presentación impecable, aplausos, foto de equipo. El lunes cada uno sigue haciendo casi exactamente lo mismo de la semana anterior.
Una estrategia rara vez falla por estar mal pensada. Falla en el espacio que casi nadie diseña, el que va entre la decisión y la ejecución.
Ese espacio es el trabajo de convertir elecciones generales en compromisos concretos, mover recursos, poner responsables y cambiar cómo se decide en el día a día. Suena obvio y casi nunca se hace. Una investigación de McKinsey sobre más de 400 empresas encontró que esa capacidad de movilizar, y no la calidad del plan, es lo que más separa a las que terminan arriba de las que se quedan atrás.
La movilización no se ve en la presentación. Se ve el lunes.
El test del lunes
Cuando quiero saber si una estrategia está viva o solo aprobada, hago una sola pregunta.
¿Qué va a ser distinto el lunes?
Qué decisión se toma distinto. Qué recurso se mueve, y desde dónde. Qué proceso cambia. Qué deja de hacer alguien que antes lo hacía. Si el equipo no puede responder con algo concreto, la estrategia todavía no existe. Existe el documento que la describe.
Casi siempre la pregunta deja algo en evidencia. La estrategia dice una cosa y el presupuesto, los incentivos y la agenda de gestión siguen apuntando a otro lado. Eso no es una estrategia nueva. Es una intención nueva puesta sobre la operación de siempre.
Priorizar es dejar de hacer
La trampa más común la veo en la palabra prioridad. Cuando una prioridad nueva se suma a todas las anteriores, la organización no está priorizando. Está acumulando. Y lo que se suponía prioritario deja de recibir el foco y los recursos que necesitaba.
Priorizar incomoda porque obliga a decir qué se deja de hacer para financiar lo nuevo, y esa frase, dejar de hacer, es la que más cuesta pronunciar en una sala ejecutiva.
Pasar de la estrategia a la acción
Para que la movilización sea real y no otra ronda de comunicación interna, tiene que mover cinco cosas. No una lámina, cinco palancas.
- La asignación de presupuesto
- Los objetivos e incentivos de los líderes
- Los derechos de decisión, quién decide qué
- El gobierno de gestión, de qué se habla en cada reunión y con qué frecuencia
- Las métricas, tanto output como input
Si al terminar el ejercicio estratégico no cambian estas palancas, la estrategia es solo un anuncio.
Si no sabes qué será distinto el lunes, todavía tu estrategia no está lista.
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